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today15 septiembre, 2023 6 11

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Dicen que uno no sabe lo que tiene hasta que se muda. Cuando soplan vientos de cambio nos abruma esa emoción de ilusión maridada con un poco de incertidumbre. Comenzamos a introducir todos los recuerdos generados durante varios años, que caben en una simple caja de cartón de 60 cm de largo. Mientras recogemos nuestras pertenencias nos cuestionamos cómo será nuestra nueva vida a partir de ahora. Un cambio en todos los ámbitos de nuestra vida que en ocasiones elegimos voluntariamente, y a veces también por obligación.

Llega el momento de volver a “empezar de cero”. Quizás deberíamos plantearnos endulzar esa expresión e intercambiarla por un “empezar desde la experiencia”, desde el punto de partida en el que ya sabemos lo que queremos y lo que no queremos de vuelta en nuestra vida.

Sin embargo, si no somos felices en un lugar o dentro de una situación, ¿por qué nos cuesta tanto soltar?. Las expectativas son nuestras peores enemigas. Se presentan ante nosotros como pozos de agua en el desierto, cuando nuestra necesidad y nuestros vacíos deben ser llenados a cualquier precio. Y te conformas. Te conformas con el agua estancada que pide a gritos que la renueves. Sin embargo, subes el volumen de la música de camino al trabajo para dejar de escucharte a ti mismo. Luego, enciendes el ordenador con la resignación de “esto es lo que me ha tocado vivir”, hasta que decides dejar de pulsar el botón de encendido y actualizar Windows.

Se acabó. Es hora de dar el golpe en la mesa. No quiero más agua empozada. Quiero generar energías limpias y renovables.

Con el paso de los días comenzamos a integrar esos cambios que tanto miedo nos producen por ser animales de costumbres. Nos despedimos de nuestros compañeros con dos besos y un abrazo, que promete un reencuentro de esos que nunca se materializan. Llegamos a casa y visualizamos todas las esquinas, ya sin muebles y decoración que confirman nuestra presencia en ella. Por el pasillo se pasean los recuerdos buenos y no tan buenos de tiempos pasados. También se reproducen en la cocina, donde se sirvieron copas de vino blanco, en las que ahogábamos nuestros malos días y brindábamos por aquellos logros.  Durante un parpadeo te preguntas en qué momento la vida te cambió tanto, hasta el punto de hacer un All in. Cambias de hábitos, de trabajo, de casa y en general de vida. Es hora de volver a construir nuevamente el imperio en otro lugar y desde otro foco. Es hora de volver a reconstruirte a ti.

 

Si volviera a empezar de cero tendría que remontarme a aquella niña de orígenes herreños que entraba temblorosa a los estudios de televisión hace ya varios años. Hoy no empiezo de cero, empiezo desde una Raquel construida y hecha a sí misma, que con pleno derecho mezcla a conciencia el hormigón que acompañará a los bloques del nuevo castillo, cuyas murallas, son ahora, indestructibles.

Que venga lo que tenga que venir.

Escrito por Raquel Valle

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