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De soltar a sanar

today28 septiembre, 2023 25 111

Fondo
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Me siento sobre el borde de la cama, descalzándome. El pie derecho ya se queda sin la protección de la suela, que lo reguarda de todos los imprevistos derramados por el suelo. Todos aquellos sucesos que nos hacen daño. O quizás, que permitimos, que nos dañen. Con esos mismos zapatos recorremos una y otra vez los mismos caminos equivocados, con el deseo de que el resultado esta vez sea distinto.

Sueltas el broche del zapato izquierdo y ya te encuentras completamente al desnudo. Te sientes frágil y expuesta. Sabes que ya no existe ningún apoyo, ningún escudo. Allí en medio de la oscuridad reflexionas una y otra vez sobre la misma cuestión. ¿Por qué a mí?. Buscas la respuesta en un interior dañado y arañado, pero no la encuentras. Introduces la mano hasta al fondo de tu mochila emocional, intentando dar con la llave que abra todas aquellas puertas. Todas aquellas oportunidades que no se dieron, y por las que llorabas, sin saber que, en realidad, la vida te estaba haciendo un favor. Entonces agradeces no haberle puesto un llavero para encontrarlas.
En la soledad del colchón te acurrucas junto a la almohada. La abrazas. Al menos las plumas no hacen daño. Mientras recuerdas cómo se erizaba la piel cuando su mano acariciaba cada rincón de tu espalda. Es en ese preciso instante, donde te das cuenta, que realmente estabas enamorada de lo que él te hacía sentir. Unas emociones que ya estaban dentro de ti… ¡y tú buscándolas fuera!. Que perverso es el amor.
Entonces cierras los ojos, con la esperanza de que mañana tu corazón haya sanado un poco más y puedas desenrrollarle alguna que otra venda. Esta vez se encuentra como un plato hecho añicos, casi imposible de reparar. No se ha partido en dos partes, sino en miles que buscan nuevamente un motivo por el que volverse a encontrar. Pero ya es tarde. Las cicatrices quedan a la vista y expuestas a volverse a separar tras un mínimo toque de microondas.
Aceptar es la única solución para resolver la ecuación de las rupturas. Sabiendo que en el recuadro del total no puedes escribir lo que te gustaría que fuese sino lo que es.  Los números han hablado. No hay más.

Escrito por Raquel Valle

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