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El reloj de arena

today8 enero, 2024 13 1

Fondo
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Miramos con ilusión hacia esos propósitos que nos hemos marcado, con la expectativa de, esta vez, si materializarlos. Observamos de lejos a aquellas personas que hemos decidido dejar atrás, por salud mental.

También aprovechamos y miramos de reojo al pasado, a ver si sigue allí, o se fue con el año. Entonces nos preguntamos si vale la pena perdonar y vivir en paz. El verbo perdonar siempre me ha parecido ególatra. Como si tuviésemos esa capacidad diocesana de dejar libre de pecado al que ha actuado desde su nivel de conciencia, y a veces, desde su nivel de inconsciencia. Nos olvidamos de conjugar ese verbo en primera persona,” yo me perdono”, y ya si eso, te suelto. El perdón libera, primero a nosotros mismos, y en segundo lugar, a la persona que no permitimos dejar ir. Quizás porque en el fondo tenemos esa mínima esperanza de que la realidad sea otra, como en las películas, donde pulsas el botón rew y puedes cambiar el pasado. Yo apuesto por ser realista y cuestionarme que voy a hacer a partir de ahora con lo que tengo y con lo que soy. Aunque también me declaro fan de esa espera pasiva, en la que el tiempo da la respuesta a todas aquellas preguntas y pone todo en su lugar.

Mi abuela decía que se podría escapar de la justicia en una sala, pero no de la justicia divina. Supongo que fue un aliciente más para iniciarme, desde este nuevo año, en el camino de carrera judicial, y dejar tras de mí, un mundo más justo, siempre con un código en mano. Un gran cargo, conlleva una gran responsabilidad, por lo que no considero para nada que un mazo sirva como una capa de súper héroe para volar por encima de los demás.

Estando hoy aquí, como si nadie nos leyera, confesaré que hace unos meses perdí a mi mejor amiga/hermana mayor por culpa de la lacra de la violencia de género. A partir de ese momento me prometí y le prometí que iba a luchar por esta causa hasta el final. Después de esto no he vuelto a ser la misma, cambié con el año, incluso antes de las doce campanadas, y con ello también mis metas. Durante estos meses me he dedicado a estudiar día y noche la especialización para convertirme en jurista experta en la materia. Sin embargo, no me quedé tranquila, quería operar desde arriba. Hacer justicia y no volver a permitir que un desalmado siga suelto, mientras yo sigo cada mes llevando rosas blancas a un malecón.

Esta es una carrera de fondo, dura y ardua, perfecta para cultivar la paciencia y la consecución de metas a largo plazo. Este es mi propósito para este año y los venideros. Esto es un claro ejemplo, que desde el dolor también podemos descubrir nuestro camino, y hacer lo que teníamos que haber hecho desde hace mucho tiempo. De aquí en adelante seguiré luchando por los derechos de las mujeres.

Ni una más.

¿Y tú?, ¿Cómo piensas utilizar cada grano de tu reloj de arena?

Escrito por Raquel Valle

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