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LA BARRA DEL BAR Y SU LADO OSCURO

today5 diciembre, 2023 14 2

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La barra del bar, ese lugar donde se mezclan las risas, las lágrimas, las confesiones y los secretos inconfesables. Un lugar donde todos somos iguales, donde el dinero no importa y donde la única moneda de cambio es la conversación.

Es un espacio de encuentro y de desencuentro, donde se forjan amistades, se rompen relaciones, se hacen negocios y se comparten historias. Un lugar donde se puede hablar de todo y de nada, donde se puede ser uno mismo o inventarse una nueva identidad. En la barra del bar no hay prejuicios ni etiquetas, solo personas con sus propias historias y sus propios problemas. Un lugar donde se puede encontrar consuelo en los momentos difíciles, celebrar los éxitos y compartir la vida con desconocidos que se convierten en amigos.

Pero la barra del bar también tiene su lado oscuro. Es el lugar donde se ahogan las penas en alcohol, donde se buscan respuestas a preguntas sin respuesta y donde se toman decisiones equivocadas. Un lugar donde las emociones están a flor de piel y donde cualquier cosa puede pasar. A pesar de todo, la barra del bar sigue siendo un lugar mágico, un lugar donde cualquier cosa es posible. Un lugar donde se pueden vivir experiencias únicas e inolvidables, donde se puede aprender mucho sobre la vida y sobre uno mismo.

Pero detrás de esa aparente camaradería y diversión, también existen las cicatrices, tanto físicas como emocionales, que marcan a quienes frecuentan este lugar.

Las cicatrices físicas son evidentes en la barra del bar. A lo largo del tiempo, se acumulan marcas y rasguños que cuentan historias de noches agitadas y momentos de exceso. Los golpes accidentales, los vasos rotos y las caídas son parte de la rutina en este espacio. Cada cicatriz tiene su propia historia, un recuerdo tangible de momentos vividos y experiencias compartidas.

Pero las cicatrices de la barra de un bar no se limitan solo a lo físico. También existen las marcas emocionales, aquellas que no se ven a simple vista pero que dejan una huella profunda en quienes las llevan consigo. En la barra del bar, se pueden experimentar desilusiones amorosas, traiciones de amigos o situaciones incómodas que dejan cicatrices emocionales difíciles de sanar.

Estas cicatrices emocionales pueden manifestarse como desconfianza, miedos o incluso adicciones. La barra del bar puede convertirse en un refugio para aquellos que buscan evadirse de sus problemas o enfrentar sus demonios internos. Sin embargo, es importante recordar que las cicatrices no definen a una persona, sino que forman parte de su historia y de su proceso de crecimiento. A pesar de las cicatrices, la barra del bar sigue siendo un lugar de encuentro y camaradería,  donde se comparten risas y se crean recuerdos inolvidables. Son símbolos de la vida misma y  experiencias que nos moldean y nos enseñan a ser más fuertes.

Así que la próxima vez que te sientes en la barra del bar, observa las cicatrices a tu alrededor y recuerda que cada una cuenta una historia única y valiosa y esas cicatrices son recordatorios de momentos vividos, lecciones aprendidas y fortaleza ganada.

Carmelo Martín

Autor y Mentor 

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Escrito por Carmelo Martín

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