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LA ÚLTIMA CENA DE LAS EMOCIONES

today13 noviembre, 2023 7 12

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LA ÚLTIMA CENA DE LAS EMOCIONES

Una de las principales obras del pintor italiano, Leonardo da Vinci, muestra una estudiada representación de la reacción de los apóstoles ante el momento en que Jesús anuncia que será traicionado por uno de ellos. Realizada entre 1495 y 1498, la “Santa Cena” fue un encargo de Ludovico Sforza, Duque de Milán, y está basada en Juan 13:21.

No solo fue La Última Cena, también fue una gran experiencia emocional. Este sería un gran ejemplo de cómo en torno a una mesa y la comida se generan emociones diversas en todos los comensales.

Pero empecemos por un pequeño resumen de lo que cenaron. ¿Lo recuerdas?

Cumpliendo con las tradiciones y a pesar de que hay varias teorías, parece que Jesús y sus apóstoles, cenaron un menú que comenzaba con el pan ácimo. Este pueblo hace así memoria a su salida de Egipto, y el pan que se emplea es ácimo, porque en la huida, los israelitas no tuvieron tiempo de hacerlo con levadura.

En segundo lugar, fue el vino, que estaría aromatizado. No hay duda en ninguna de las teorías, ya que, al 34 vino, hizo alusión Jesús, “yo soy la vid y vosotros los sarmientos” (Mateo 26:29). El vino constituye la ofrenda.

El tercer alimento fue el cordero recién sacrificado, al igual que con el pan, la celebración de la pascua judía comenzaba con “el primer día de los ácimos”, y debía consistir en un cordero pascual recién sacrificado, y al parecer así fue en La Última Cena. El cordero limpio, envuelto en su piel, era llevado a casa y allí se ensartaba en una rama de granado y se asaba al fuego lento de carbón vegetal. “Cordero de Dios”.

Finalmente, es probable que también hubiera sal. Se cree que la derramó Judas Iscariote durante la cena. En el cuadro así se recoge (junto al brazo derecho del quinto personaje empezando por la izquierda).

También se cree que no faltó el menú, verduras amargas, salsa de mostaza, garum, higos, dátiles y un plato llamado joroset, compuesto de manzana picada, nueces, miel, canela y vino.

En términos sociológicos, La Última Cena tiene distintos simbolismos relacionados con la comida y las emociones de los comensales. Fue la excusa para anunciar la despedida del mundo terrenal de Jesús, y eso despertó todo tipo de emociones en los apóstoles, haciendo que quedara en un segundo lugar el menú. Esto confirma el poder de las interacciones sociales y las emociones a la hora de comer.

Somos seres emocionales y eso es lo que nos mueve y nos ancla en la memoria los recuerdos vividos. Este puede ser el motivo por el que se olvida, a veces, el menú, pero no la experiencia emocional. Transmitir emociones usando como canal la gastronomía, es la nueva forma de ofrecer a los comensales toda una experiencia, no solo visual y olfativa, también haciendo que todos los sentidos entren en juego y sean parte del menú y de la historia que deseamos transmitir.

Vender emociones se ha convertido en la tarea más importante en la nueva era del comensal. El cliente en humano, y, por tanto, un ser emocional, cuando visita un restaurante, no solo acude por el atractivo de la oferta gastronómica, espera ser único, escuchado, atendido y todo con la mayor calidez.

Las emociones nos hacen más humanos, y dentro de un espacio gastronómico, el comensal es el centro de atención y exige un trato personalizado, donde todos los componentes del personal del restaurante, deben ser parte de la experiencia única, y crear ese vínculo entre restaurante y comensal.

Hay que tener siempre presente que un restaurante ya no es un lugar donde se vende o sirven comidas, es mucho más que eso, es un lugar gastronómico emocional. Conseguir el vínculo afectivo entre restaurante y comensal, es la gran tarea y la meta a conseguir en el nuevo paradigma hostelero, en esta era de cambios.

Sin este vínculo emocional como eje vertebral del restaurante, sería como luchar sin armas en una batalla gastronómica cada vez más competitiva, donde el cliente es cada vez más exigente y selectivo en sus gustos y preferencias. Este vínculo debe ser de tal grado, que el cliente sienta que forma parte del restaurante, y que su voz es oída, y sus opiniones son tenidas en cuenta.

Las emociones son el centro de la estrategia que todo restaurante debe tener como prioridad, así como humanizar y conseguir una experiencia que supere las expectativas del comensal.

Carmelo Martín

Autor y Mentor de Restaurantes

Docente del curso: Sistema RAD el arte de una atención excepcional al comensal

 

Escrito por Carmelo Martín

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